Psic. José María Enríquez, Piscología infantil/Psicoterapia para niños y adolescentes

Hay cambios en los niños que los adultos solemos interpretar demasiado rápido: “está rebelde”, “se volvió desobediente”, “anda de mal humor” o “ya no es el mismo de antes”. Sin embargo, cuando un niño cambia de conducta de manera repentina o sostenida a través del tiempo, vale la pena detenernos antes de etiquetarlo.

Un niño que comienza a llorar con mayor facilidad, que se muestra irritable, deja de querer ir a la escuela, duerme diferente, se aísla, tiene más berrinches, contesta por todo o comienza a desafiar constantemente las reglas no necesariamente está intentando “portarse mal”. En ocasiones, su comportamiento puede estar expresando algo que todavía no sabe explicar con palabras, por lo cual antes de intentar corregir la conducta, conviene preguntarnos: ¿qué está pasando con el niño, para que ahora se comporte de esta manera?

La conducta infantil no aparece de la nada, muchas veces es la manera que tiene un niño de expresar emociones que todavía no sabe identificar o comunicar con claridad. Un niño pequeño quizá no pueda decir “me siento preocupado”, “algo me está afectando” o “necesito ayuda”; sin embargo, puede comenzar a tener más rabietas, aislarse, mostrarse enojado o cambiar su manera de relacionarse con los demás.

¿Qué podemos hacer como padres de familia cuando la conducta del niño está cambiando?

• Observa antes de juzgar. No te quedes únicamente con la idea de que “se está portando mal”, pregúntate cuándo comenzó el cambio, dónde ocurrió, con quién y qué sucedió antes y después.

• Escucha sin convertir la conversación en un interrogatorio. A veces un “¿qué te pasa?” genera silencio, puede funcionar mejor un “he notado que últimamente estás diferente, ¿hay algo que quieras contarme?”.

• Evita minimizar lo que para el niño parece pequeño. Lo que para un adulto puede parecer un problema sencillo puede representar una experiencia emocional importante para un infante. Siempre pregúntale por sus emociones, ya que no todos los niños saben poner en palabras lo que sienten, por lo cual ayudarles a identificar sus emociones también es enseñarles a regularlas.

• Revisa también el ambiente familiar. Los niños perciben mucho más de lo que imaginamos, reconoce si han existido discusiones, tensión, cambios importantes o un adulto constantemente sobrecargado emocionalmente que pueda estar influyendo en su comportamiento…

• Nunca esperes a que el problema sea enorme para pedir orientación. Buscar apoyo psicológico no significa que un niño tenga un trastorno. En muchos casos, una intervención temprana permite comprender lo que está sucediendo y prevenir que las dificultades se vuelvan más complejas.

No siempre tenemos que preguntarnos cómo conseguir que el niño deje de comportarse de determinada manera, a veces necesitamos cuestionarnos qué está intentando comunicar con esa conducta, ya que detrás de un niño que grita puede haber una emoción que no sabe expresar, detrás de un niño que se aísla puede haber algo que le cuesta contar y detrás de un pequeño que parece estar “cambiando” puede existir una necesidad que todavía no hemos logrado escuchar.

La conducta infantil también es una forma de comunicación. A veces, el cambio de conducta no es el problema, es simplemente una señal que nos ayuda a encontrarlo.

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