PSIC. ROSELA ABAROA

Psicóloga clínica especializada en Terapias Contextuales.

Los seres humanos somos seres sociales. Desde tiempos ancestrales nos hemos reunido para celebrar nacimientos, cosechas, cambios de estación, graduaciones, matrimonios y muchos otros momentos importantes. Aunque las formas de celebrar cambian entre culturas y personas, hay algo que permanece: la necesidad de reconocer aquello que tiene significado para nuestra vida. Celebrar los pequeños y grandes logros es importante por muchas razones. A nivel social, fortalece el sentido de pertenencia y comunidad. Compartir momentos significativos favorece la conexión con los demás, activa nuestros sistemas de calma y apoyo, disminuye la sensación de soledad y contribuye al bienestar emocional. Los rituales también cumplen una función psicológica muy importante. Nos ayudan a hacer una pausa y reconocer que algo ha cambiado: una etapa que termina, un reto que fue superado o un nuevo comienzo. Este tipo de pausas favorecen la integración de nuestras experiencias y nos permiten darles un lugar dentro de nuestra historia personal. Cuando nos damos el espacio para reconocer nuestros logros, incluso aquellos que parecen pequeños, fortalecemos la confianza en nosotros mismos. Además, celebrar conscientemente aquello que hemos alcanzado aumenta la motivación para seguir avanzando hacia nuestras metas. En psicología, incluso existe el concepto de “saborear” los momentos positivos: detenernos unos minutos para apreciar un logro ayuda a prolongar las emociones agradables y a que ese recuerdo permanezca con mayor fuerza en nuestra memoria. Sin embargo, no todas las personas disfrutan celebrar de la misma manera, y eso también está bien. Para algunas personas, pensar en una graduación, una fiesta o un evento con muchas personas puede generar ansiedad o deseos de evitar la situación. En otras ocasiones, experiencias de duelo, pérdidas recientes o momentos difíciles hacen que las celebraciones despierten tristeza o nostalgia en lugar de alegría. No existe una única manera “correcta” de celebrar. Celebrar no tiene que parecerse a la celebración de alguien más. Puede ser una comida tranquila, una caminata, escribir una carta, compartir un café con una persona importante o simplemente regalarte un momento para reconocer el camino recorrido.

Si las fechas festivas suelen ser difíciles para ti, estas ideas pueden ayudarte:

• Identifica qué emociones aparecen y qué situaciones las están activando, procurando observarlas con curiosidad y sin juzgarte.

• Comunica a las personas cercanas qué necesitas. A veces, los demás desean acompañarnos, pero no saben cómo hacerlo.

• Enfócate más en la experiencia compartida, que en los aspectos materiales de la celebración.

• Pon límites cuando sea necesario. Si prefieres asistir solo un rato o celebrar de una manera más sencilla, también es válido.

• Practica la amabilidad contigo mismo, especialmente cuando se trata de reconocer tus propios logros. Muchas veces somos expertos en minimizar nuestros avances y muy poco generosos al momento de celebrarnos.

Celebrar no significa que todo haya sido perfecto ni que no se presentaron dificultades. Celebrar es reconocer que, a pesar de ellas, has recorrido un camino que merece ser visto. Y recuerda: si el malestar emocional es tan intenso que te impide disfrutar de momentos importantes o afecta significativamente tu calidad de vida, no dudes en buscar apoyo de un profesional de la salud mental. Mereces construir una vida que también tenga espacio para la alegría, la conexión y la celebración.

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